Saturday, March 31, 2007
Monday, February 26, 2007
Ambar en Paraiso
En el Paraíso, entre neones,
ginebras y desinfectante,
entre borrachos parlanchines
y escudos de humo,
las tragaperras ruidosas
escupen nubes de algodón
y las farolas en la calle excitan
la iniquidad, los peatones empujan
la vida y ríen su ignorancia
de seres caducos
y transitorios.
Aun ignoro porque aquel mundo
que construimos a tientas,
sigue
pareciéndonos tan bello.
De "La huella en el agua"
ginebras y desinfectante,
entre borrachos parlanchines
y escudos de humo,
las tragaperras ruidosas
escupen nubes de algodón
y las farolas en la calle excitan
la iniquidad, los peatones empujan
la vida y ríen su ignorancia
de seres caducos
y transitorios.
Aun ignoro porque aquel mundo
que construimos a tientas,
sigue
pareciéndonos tan bello.
De "La huella en el agua"
El último rubai
Anoche Dios me visitó apenas me propuse el sueño
me advirtió de su presencia y encendió mi deseo
Dios mío: heme aquí pendiente de tu música,
Él se echó sobre mi y abrevió mi fuego,
sellando mis labios con un beso cubrió mi vacío
y sopló entre mis orificios entreabiertos:
brotaron de mi armonías celestiales,
pájaros sabios ascendentes por la Luz.
¿Fue locura mi aliada o un engaño de los sentidos?
pues pude ver como en medio de la bruma
ardiendo en océanos tibios de agua
bullía licuado mi corazón enajenado.
Él repitió su requiebro tantas veces
que al caer, exhausto, sobre el lecho
me permitió soplar sobre su pelo
y se desvaneció, como un ciprés alado.
De "El reino de la espiga"
me advirtió de su presencia y encendió mi deseo
Dios mío: heme aquí pendiente de tu música,
Él se echó sobre mi y abrevió mi fuego,
sellando mis labios con un beso cubrió mi vacío
y sopló entre mis orificios entreabiertos:
brotaron de mi armonías celestiales,
pájaros sabios ascendentes por la Luz.
¿Fue locura mi aliada o un engaño de los sentidos?
pues pude ver como en medio de la bruma
ardiendo en océanos tibios de agua
bullía licuado mi corazón enajenado.
Él repitió su requiebro tantas veces
que al caer, exhausto, sobre el lecho
me permitió soplar sobre su pelo
y se desvaneció, como un ciprés alado.
De "El reino de la espiga"
Saturday, February 24, 2007
The end
Me asomé al borde
Ven –te dije- contempla la belleza
¿Ves lo mismo que yo?
¿Cómo saberlo?
Hay un borde entre las cosas y yo
Hay un limite entre ella y yo
-me dije-
Habrá que bordear el rio ¿a ella?
Y cruzar al otro lado
Pero ese borde era más ancho
Que mi propio limite
Y fracasé:
Mantuve abiertas las heridas un tiempo
Hasta que la sangre cesó de fluir.
Te dije:
¿Qué ves?
Pero ¿cómo saberlo?
En esa grieta me instalé
Cómodamente mientras leía poemas
Y un día salté al otro lado
fuí sólo hasta el centro
y fue como al principio
Como un recién nacido
Sordo para el alivio
Ciego para la luz
Pero encontré un amigo en el borde
Que me acompañó en el exceso
Y frecuentó conmigo los bancos de arena
Y el sol de plástico a través del cristal
Bailó conmigo al anochecer
Hasta que se hizo hoguera y ardió
Era el vacio extremo en guerra
contra la tierra de adentro.
Ven –te dije- contempla la belleza
¿Ves lo mismo que yo?
¿Cómo saberlo?
Hay un borde entre las cosas y yo
Hay un limite entre ella y yo
-me dije-
Habrá que bordear el rio ¿a ella?
Y cruzar al otro lado
Pero ese borde era más ancho
Que mi propio limite
Y fracasé:
Mantuve abiertas las heridas un tiempo
Hasta que la sangre cesó de fluir.
Te dije:
¿Qué ves?
Pero ¿cómo saberlo?
En esa grieta me instalé
Cómodamente mientras leía poemas
Y un día salté al otro lado
fuí sólo hasta el centro
y fue como al principio
Como un recién nacido
Sordo para el alivio
Ciego para la luz
Pero encontré un amigo en el borde
Que me acompañó en el exceso
Y frecuentó conmigo los bancos de arena
Y el sol de plástico a través del cristal
Bailó conmigo al anochecer
Hasta que se hizo hoguera y ardió
Era el vacio extremo en guerra
contra la tierra de adentro.
Saturday, October 14, 2006
Vida rural
Detesto la maldad basada en el chisme y en el inventario de falsedades con el vecindario. Una maldad estúpida fuera del arte y del talento. Hay mas creatividad en un asesino en serie o en un pederasta, que en esas personas insulsas, bondadosas y humildes que habitan los campos, los bosques o las estepas. Patéticos malhechores, conspiran contra todo, todo lo envidian y nada comprenden, a todo descalifican y critican, situando chauvinisticamente el demonio en el exterior. Viven lo ajeno como peligroso y envidiable y lo propio como deleznable e insignificante. Matarían por un palmo de tierra; por la titularidad de un árbol venderían a su mujer, sacrifican a los hijos en la hoguera de su vanidad, hacen guerras de clanes por la propiedad de la nada. Envejecen, embrutecen y envilecen todo lo que tocan, como si quisieran que nada externo a sí mismos o a su campanario, sobreviviera a su nada destructora y trivial. Los pueblos son los reductos de los malvados sin inventiva, de los criminales jubilados.
Los malestares del hombre
El sinsentido, la incertidumbre, la finitud: He aquí los grandes males del hombre; los tres pueden resumirse en uno, el delirio finalista, la cualidad de trascender, de sobrevivirse en otro, de prolongarse en la posteridad , dotar de sentido al azar y al caos. Naúfrago de cualquier absoluto, la Belleza, la Verdad, la Eternidad o la Gloria, niega el accidente de su aparición y la gratuidad de su desdicha. Solo el dolor puede mostrarse agradecido y es además insoportable para el verdugo.
La saciedad
La saciedad tiene algo de inmoral , de camisa de fuerza del espíritu, pero el ascetismo es peor porque no es mas que una transformación cristiana -negadora de la evidencia- del cinismo en estado puro, por ello la mejor solución es el dolor medicalizado, aquel que ha sido sujeto de una clasificación. Aquel que eligió la delgadez como forma de estar en el mundo, no saciándose jamás de la restricción, se estructura como sujeto doliente, metafísico, ocultando su condición de santo o de héroe, escapando de la hoguera. El enfermo de anorexia no es un reformador, ni un tirano o un oligarca, porque ha trascendido su condición de muerto encubierto a una delgadez y a una renuncia que sólo tangencialmente nos recuerda al sacrificio de los místicos y oculta a la Medicina su condición divina: una mascarada de plenitud
Sunday, January 29, 2006
La edad
A cierta edad un hombre, por criterio puramente estético debe hacer algo con su propia maldición, ponerla del revés, invertir los términos, transgredir lo acordado y si es necesario huir, cambiar de nombre, de identidad, incluso de profesión y hacer un siglo sabático, refugiarse en una barraca en el campo, ser autónomo y abdicar del mercado, encontrarse a solas consigo mismo y hacer como un voto de silencio, renunciar al sistema general que le sirvió hasta entonces de base, convertirse a una especie de ascetismo “sine religione”, un estoico desarmado y no pertenecer a ningún clan, despojarse de riquezas, repartirlo todo entre los amigos, dejarse la barba o mejor eludir afeitarse, perfumarse, encontrarse a solas con las hemorroides y con la hiperplasia de próstata, intentar al menos no reproducir la derrota, ni intentar sobrevivirse en otros, enfriar el juego y recorrer el camino al revés. Olvidarse del teléfono, de los electrodomésticos, del alcohol y del tabaco y sumergirse en el polvo del tiempo para osar solo pronunciar una vez al día la palabra fuego, agua, aire, arder, perecer, muerte, soñar y mecerse en el sonido de las palabras ahora ya sin significado, sin connotación, sin resonancia, sólo las palabras, cualquier palabra y adormecerse con ellas y sacarlas al monte a pasear por las tardes y volver por la noche a casa después de este trajín esencial. Sin televisión, ni amor, ni odios, ni desdicha, ni compromiso alguno.
Caiga sobre mí la maldición del hombre que fui y termine de una vez esta condena.
Caiga sobre mí la maldición del hombre que fui y termine de una vez esta condena.
Sunday, December 11, 2005
Los malditos
Incapaz de escribir tragedias, novelas y ni siquiera poesía, se convirtió en un funcionario. Porque la maldición sólo puede contruirse con un esfuerzo de inversión del futuro, un guiño cínico, porque no hay maldición desdichada ya que ella responde a una fuerza interior, un fuego que nos impulsa a un cierto tipo de incendios, a poner de revés lo acordado. El maldito se reconoce porque es un lúcido en un mundo de locos y de necios y tiene que tomar sus precauciones para no ser sacrificado en la pira del sentido común. La mejor estrategia para el maldito es no ser necesariamente bien comprendido o lo que seria peor amado o admirado por sus contemporáneos, lo que le haría sospechoso a la posteridad y vulnerable en su quehacer diario. Léase a Rimbaud si tiene alguna duda.
Supremacia del dolor
La salud, la juventud y el placer, no se perciben tan intensamente como la enfermedad, la senectud o el dolor, no sólo porque están disociados en la conciencia entre sensación/representación sino porque contienen menor información que sus contrarios- el cerebro ya es sabido que sólo percibe contrastes-, por eso la prevención, la educación o la felicidad no aportan nada a la naturaleza del hombre, que vuelve repetidamente su mirada hacia el vicio abolido por la Psiquiatria o la Medicina. La desdicha que es la inversión del Estado del Bienestar o el suicidio que es la única libertad no ilusoria que el hombre puede gozar, al subvertir el orden del destino o la fatalidad. A esta forma de placer puesto del revés se le conoce con el nombre de goce y supone una reversión de la perspectiva positivista e ingenua de las sociedades avanzadas Por eso en nuestra sociedad el psiquiatra camina rápidamente a convertirse en un gestor de goces y en administrador de maldades.
Para que el placer tuviera el mismo estatuto que el dolor seria necesario que contactara con la Eternidad y no sólo con el tiempo o la sucesividad. Ningún placer es eterno y de ahí su fragilidad. El dolor es insaciable, unitario, metafísico y en él, o en el espanto o en la catacumba encuentran algunas personas y algunas sociedades la suficiente cohesión y autoconciencia para sobrevivirse en otros.
Para que el placer tuviera el mismo estatuto que el dolor seria necesario que contactara con la Eternidad y no sólo con el tiempo o la sucesividad. Ningún placer es eterno y de ahí su fragilidad. El dolor es insaciable, unitario, metafísico y en él, o en el espanto o en la catacumba encuentran algunas personas y algunas sociedades la suficiente cohesión y autoconciencia para sobrevivirse en otros.
Monday, November 21, 2005
Los pasillos
La historia no se trama en los despachos, ni en los campos de batalla, ni en la bolsa de Nueva York, los guiones de la vida con sentido se traman en la barras de los bares, en los reservados de los burdeles o en los tapetes de los casinos. Esta verdad nos descubre lo que se nos oculta tras la aparatosidad o la solemnidad de las Instituciones o de los intereses espurios. Todo interés es siempre sectario, fatal para la comunidad, letal para los intereses generales. El pasillo es la madriguera de las ratas, de las fieras, de tiburones emboscados para fagocitar los restos del festín. Guardate siempre, de la maledicencia y de los chismes de los pasilleros que pueblan todas las estaciones de la edad y del saber, pueden destruir con una frase o un comentario banal cualquier empresa heroica.
Su tragedia es que carecen de una finalidad mas allá de su propia supervivencia parasitaria. Su destino de piojo se impondrá a su propia maldad y a nuestras buenas intenciones.
Su tragedia es que carecen de una finalidad mas allá de su propia supervivencia parasitaria. Su destino de piojo se impondrá a su propia maldad y a nuestras buenas intenciones.
Sólo versos
Sólo creo, en un puñado de pequeñas verdades indemostrables. Mi ideología sólo alcanza la cocina y el cuarto de estar, mi religión es Bach, mi filosofía la nada; soy un escéptico desarmado, un pesimista histórico, un misógino benigno, un misántropo irreconciliable, un explorador de lo remoto. Sólo admito la compañía de los abnegados que creen ser útiles: los psicólogos o los artistas sin talento que sueñan en reproducir en sí mismos la novela que nunca escribirán. No soporto más que a los bromistas y a los cínicos que ejercen sin pudor la única filosofía posible, a los ambiguos, los disidentes, los incrédulos que no creen en el progreso ni en el sentido de la historia. No creo tampoco en la supremacía del trabajo sobre la improvisación y me cansan las creencias de los demás por eso he cerrado la posibilidad de hacer inventario de sus maldades y de sus quejas. Ahora me escondo en un circulo de hierro con defensas ígneas y fosos de caimanes en mi perímetro y tomo precauciones contra las ideas y la maledicencia.
De los cuerdos sólo me alcanza la onda expansiva de los versos al estallar.
De los cuerdos sólo me alcanza la onda expansiva de los versos al estallar.
Sueño
Sueño
sobre finísimos hilos
donde tejen las alondras,
alambradas,
la quietud exánime de los muertos
me conforta.
Tanta paz contuve.
En la esquina de la vida
ato los bordes
de las cosas.
Y contengo así, una mayoría
de cadáveres boquiabiertos.
sobre finísimos hilos
donde tejen las alondras,
alambradas,
la quietud exánime de los muertos
me conforta.
Tanta paz contuve.
En la esquina de la vida
ato los bordes
de las cosas.
Y contengo así, una mayoría
de cadáveres boquiabiertos.
Sunday, November 13, 2005
El romanticismo
Oyendo la novena sinfonía de Beethoven uno no encuentra el por qué de su nombre “el Himno a la Alegría” hasta quizá el final, el cuarto movimiento, más bien la obra es un altar erigido a la rabia, a la desesperación, a la cólera adosada a la belleza. La cólera de un sordo en guerra contra el mundo y la expresión de su resentimiento punitivo, el paroxismo de un aislado en su universo acústico, un paranoico genial; la alegría es un sentimiento muy poco artístico a pesar de sus escarceos épicos en torno a los paroxismos de momentos sublimes, en torno al nacionalismo ruso o al pastiche “Verdiano-Garibaldiano” de la Italia sometida a los Imperios; éxtasis del triunfo de los pueblos que fingen estar unidos en torno a ideas comunes que en el fondo no son, sino pretextos para cambiar de amo. Emparentada de lejos con la alegría, la felicidad es sin embargo un canto a la serenidad y a la clarividencia de la ausencia de esperanzas, a la aceptación de la ausencia de alternativas; por eso el romanticismo es una época disoluta y el barroco una época teológica y de culto a la matemática y al positivismo de la combinatoria. Bach es a Dios lo que Beethoven y todos los románticos a la sífilis. Si Beethoven- no hubiera sido músico seguramente hubiera sido un criminal en serie. Chopin un revolucionario trasnochado de una Polonia insalvable, Tchaikovsky un vendedor ambulante, Verdi un maestro de rondalla folklórica.
Dadme un medio de expresión y transformaré un criminal en un bienhechor de la humanidad.
Dadme un medio de expresión y transformaré un criminal en un bienhechor de la humanidad.
La función del psicólogo
Diletante de casi todo, detective del desinterés, gendarme del abatimiento, escéptico desarmado me acurruco en los orígenes de los hombres en busca de las claves de su idiotez: ese es mi oficio, un buscador de imposibles, de coartadas para su embriaguez y de eximentes para sus vicios; apresado por la necesidad de ser útil a mis conciudadanos, vivo la paradoja de un vivir carente de cualquier sobresalto, porque todo está pactado de antemano y dispuesto para la repetición. Como todo psicólogo compagino mi destino con la prédica y la adivinación, me sé un demiurgo castrado y aun así duermo de un tirón casi todas las noches, exhausto nigromante de causas perdidas.
El manifiesto licantropico (II)
Mitómano enamorado de los argumentos, sólo me detengo ante el texto de algunos iluminados, porque creo en la inspiración y en el paroxismo del azar; desatiendo selectivamente a los que creen que la gran obra es un acto de perseverancia y de trabajo callado bajo el peso de las horas, y de los goces, sólo ignoro los de la ostentación y los de la maldad estúpida, apráctica e inintencional. Sólo sucumbo ante las historias que invocan la risa o el llanto furtivo. Como los adolescentes, ignoro mi cuerpo pero acepto los presagios del dolor de muelas. Me estorban los demás, tanto como yo a mí mismo.
Sunday, November 06, 2005
La musica
Ahora soy sombra, después seré oleaje. Ahora me desprendo del techo, inadvertidamente, como esas arañas que cuelgan en los teatros, ilumino la platea, más tarde me apago y reposo. Construyo planos, refiero olores, propongo aromas que no existen, descifro el laberinto, amaso fortunas e igualo la sensibilidad de los ciegos. Enlato los sabores, distiendo las texturas, ahora sobresalto, más tarde perplejidad y siempre repetición.
Mar o viento, evoco recuerdos y ausencias. Represento pues, algo más que la sucesión del sonido: soy también la referencia acústica de la nada, el silencio. A veces teología y combinatoria. Casi siempre frivolidad sublime. Epica y trascendencia insomne, rabia adosada a la belleza. Exaspero a los melancólicos y acompaño a los aburridos, evoco recuerdos paseándome por las redes de la memoria de donde extraigo casi siempre fotografías en blanco y negro de aquel beso, despedida o escena más o menos banal, pero siempre recordada por subjetiva.
Sólo soy la coartada que buscan los abúlicos y no significo nada
Mar o viento, evoco recuerdos y ausencias. Represento pues, algo más que la sucesión del sonido: soy también la referencia acústica de la nada, el silencio. A veces teología y combinatoria. Casi siempre frivolidad sublime. Epica y trascendencia insomne, rabia adosada a la belleza. Exaspero a los melancólicos y acompaño a los aburridos, evoco recuerdos paseándome por las redes de la memoria de donde extraigo casi siempre fotografías en blanco y negro de aquel beso, despedida o escena más o menos banal, pero siempre recordada por subjetiva.
Sólo soy la coartada que buscan los abúlicos y no significo nada
Las palabras
Hay palabras redondas, como puta o ruin, palabras agrietadas y enojosas como canalla o malhechor, palabras acanaladas y palabras lívidas como cadáver u orificio. Hay palabras como dardos y palabras como enjambres, palabras que son mausoleos y palabras que valen como un soneto. Hay palabras vacantes que no existen y no sirven por tanto para nombrar nada. Como hay vacíos sin palabras para comunicar su origen. Hay vacuidades que tienen nombre y vacantes en espera de interinidad, los neologismos salen al rescate y añaden gruñidos al goce de lo innombrable. No todas las palabras tienen correlato bioquímico con alguna emoción, representación o idea. Hay palabras excedentes de cualquier discurso que recorren el desfiladero del lenguaje y no se detienen sino en la mar o en cualquier delta, preferentemente interior. Hay palabras que exceden al cañón del Colorado y palabras que encienden las alarmas. Hay palabras que saltan por encima de las barricadas y las alambradas. Hay palabras eléctricas y palabras magnéticas, como hay palabras-eco o palabras-imán para cualquier memoria grata o imagen visual agradable en nuestra capacidad de evocar.
Las palabras son un exceso del equipaje atávico del hombre, un pleonasmo de la lírica, la opera del intelecto, una exageración ocupada por un sonido hueco donde habitan frecuentemente pajarillos hacendosos. Centinelas del corazón, ejercen de válvula de las torrenteras interiores donde ejercen su oficio las serpientes más antiguas, los centinelas del territorio, los porteadores del ánimo y de las abyectas intenciones.
Hay palabras para todo pero no cualquier todo es poseído por una palabra. Hay palabras huecas pero no todo hueco puede nombrarse.
Las palabras abarcan un orificio inmenso donde cohabitan los monstruos con las nodrizas y se engendran los deseos confundidos de la especie, con los abortos de los sentimientos y donde la codicia, el lucro o el crimen se enmascaran tras la teología.
Las palabras son un exceso del equipaje atávico del hombre, un pleonasmo de la lírica, la opera del intelecto, una exageración ocupada por un sonido hueco donde habitan frecuentemente pajarillos hacendosos. Centinelas del corazón, ejercen de válvula de las torrenteras interiores donde ejercen su oficio las serpientes más antiguas, los centinelas del territorio, los porteadores del ánimo y de las abyectas intenciones.
Hay palabras para todo pero no cualquier todo es poseído por una palabra. Hay palabras huecas pero no todo hueco puede nombrarse.
Las palabras abarcan un orificio inmenso donde cohabitan los monstruos con las nodrizas y se engendran los deseos confundidos de la especie, con los abortos de los sentimientos y donde la codicia, el lucro o el crimen se enmascaran tras la teología.
Monday, October 31, 2005
Ustedes los vampiros (cenáculo improvisado)
Obligados a vagar eternamente,
ustedes los vampiros
-metáfora viva de la eternidad-
no conocen el arte
y del talento,
sólo plagian autores exóticos,
sátiras póstumas de otros:
los acreditados.
Pues sin recuerdos,
ni identidad
nada oponen a la finitud de las cosas
ni trascienden los recursos del azar
y se aburren mortalmente a secas.
Incapaces de aspirar al paraíso
o peor: de merecerlo,
transitan los neones del resentimiento
una y otra vez en busca
de discípulos aventajados.
Pero insensibles al talento
o a la belleza
pasan de largo distraídos o ebrios.
Los canallas.
Cegados por la luz de la mañana,
pernoctan en su alada iniquidad.
Ególatras insomnes,
mordedores por oposición,
sueñan con morir en guaridas inmundas
de una sobredosis de sí mismos.
Morirse de golpe, -exhaustos repelentes-
de una muerte repentina y nada solemne:
una muerte municipal, administrativa.
Condenados a vivir sin cólera
se extinguen como un azucarillo
en el porqué de las cosas
y se repiten exhaustos y pagados
de sí mismos.
Los vampiros.
Acreditados
canallas
manifiestos
infames
comensales.
ustedes los vampiros
-metáfora viva de la eternidad-
no conocen el arte
y del talento,
sólo plagian autores exóticos,
sátiras póstumas de otros:
los acreditados.
Pues sin recuerdos,
ni identidad
nada oponen a la finitud de las cosas
ni trascienden los recursos del azar
y se aburren mortalmente a secas.
Incapaces de aspirar al paraíso
o peor: de merecerlo,
transitan los neones del resentimiento
una y otra vez en busca
de discípulos aventajados.
Pero insensibles al talento
o a la belleza
pasan de largo distraídos o ebrios.
Los canallas.
Cegados por la luz de la mañana,
pernoctan en su alada iniquidad.
Ególatras insomnes,
mordedores por oposición,
sueñan con morir en guaridas inmundas
de una sobredosis de sí mismos.
Morirse de golpe, -exhaustos repelentes-
de una muerte repentina y nada solemne:
una muerte municipal, administrativa.
Condenados a vivir sin cólera
se extinguen como un azucarillo
en el porqué de las cosas
y se repiten exhaustos y pagados
de sí mismos.
Los vampiros.
Acreditados
canallas
manifiestos
infames
comensales.
La poesia
A veces alquilamos la poesía, para nuestras extravagancias más secretas, porque la poesía lo admite todo y no explica nada, es como una puta vieja que nos deja practicar con ella el sexo más inseguro porque se ha caído del mercado y no puede elegir a sus clientes. El lirismo es una exageración, un pleonasmo, una excedencia del discurso serio y racional, por eso es licito aprovecharnos de ella. La poesía no tiene futuro, ni tiene aspiraciones, se conforma con inflamar, con incendiar algunos argumentos haciendo a veces estallar las palabras, se conforma con cualquier cosa porque no tiene una pensión y morirá cualquier día de una pulmonía, después de una borrachera analgésica. Morirá ahogada en su propio vómito, pero hay tanta poesía en ella a pesar de no haber nada bello... La poesía y yo somos una pareja de hecho, sin papeles, sin pensión, sin asistencia social. Con la psiquiatría y la medicina mantengo una relación puramente administrativa, mi otra amante la música ha caído en desgracia, era demasiado inhumana, perfeccionista, compulsiva, disolutiva.
No repito jamás el mismo gesto con la poesía, con esa puta vieja y desdentada que me la chupa gratis, porque solo repiten los que están inmóviles, los que se han caído con todo el equipo en la fascinación de su pasado, o son víctimas de alguna fatalidad relacionada con su destino sublimado. Sólo admiro a los que no guardan ningún tipo de miramiento con su pasado. A los renegados pues, a los traidores, a los injustos, a los apóstatas, a los perdedores, a todos esos seres sin talento creador que buscan el absoluto más insulso: la belleza, poetastros, yo os invoco de la manera más solemne que conozco, hurgándome la nariz.
No repito jamás el mismo gesto con la poesía, con esa puta vieja y desdentada que me la chupa gratis, porque solo repiten los que están inmóviles, los que se han caído con todo el equipo en la fascinación de su pasado, o son víctimas de alguna fatalidad relacionada con su destino sublimado. Sólo admiro a los que no guardan ningún tipo de miramiento con su pasado. A los renegados pues, a los traidores, a los injustos, a los apóstatas, a los perdedores, a todos esos seres sin talento creador que buscan el absoluto más insulso: la belleza, poetastros, yo os invoco de la manera más solemne que conozco, hurgándome la nariz.
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